¿ Por qué es tan singular el Mar Menor?

Esther Williams, una de las grandes estrellas del cine en los años 50 y 60, antes, figura de la natación sincronizada, y después modelo imagen de la Metro-Godwyn-Mayer con películas míticas como ‘Escuela de sirenas’, ‘Juego de pasiones o ‘La hija de Neptuno’ dijo del Mar Menor, en su visita en diciembre de 1961, que era «la mejor piscina natural del mundo». Pero, más allá de esa importante promoción durante el boom del turismo en España ¿que tiene de singular el Mar Menor, considerado una joya natural de Murcia?

Con 180 kilómetros cuadrados de superficie, el Mar Menor es la laguna salada «permanente» más grande de Europa. Aunque existe una laguna mayor, en Venecia, con 550 kilómetros cuadrados, sólo el 11% de su superficie está ocupado por agua permanentemente. El otro 89% son fango y diferentes pantanos de agua salada. El Mar Menor esta separado del Mediterráneo por una estrecha franja de arena de 22 kilómetros de largo y entre 100 y 800 metros de ancho, denominada La Manga.

Volcanes submarinos

El Mar Menor era hace diez millones de años una gran bahía abierta al Mar Mediterráneo. Movimientos de formación de las montañas vertirían sedimentos a través de los ríos, procedentes de lo que actualmente conocemos como Campo de Cartagena, surgiendo así volcanes submarinos que dieron lugar a las islas actuales: Grosa, Mayor o del Barón, Perdiguera, Ciervo, Sujeto y Redonda, de esta misma forma emergería el monte «El Carmolí».

La laguna que hoy conocemos como Mar Menor se formó en la era del Cuaternario (2.000.000 a. C.), sobre una bahía que se extendía desde la actual Cabo de Palos hasta lo que hoy conocemos como El Mojón (San Pedro del Pinatar), además, las corrientes marinas arrastraron arena que se acumuló en los islotes y promontorios volcánicos del litoral, conformando el largo y estrecho brazo conocido como La Manga. A partir de entonces, el mar interior o Mar Menor se comunicaría con el Mediterráneo a través de una serie de canales o golas naturales que renuevan las aguas.

La laguna y sus humedales periféricos, han sido designados por las Naciones Unidas como Zona Especialmente Protegida de Importancia para el Mediterráneo (Convenio de Barcelona). Se trata del humedal RAMSAR número 706.

Además, están protegidos: Las Salinas y Arenales de San Pedro del Pinatar: Al norte de La Manga del Mar Menor, en el municipio de San Pedro del Pinatar. Protegido como Parque natural y ZEPA. Los Espacios abiertos e islas del Mar Menor: Se protegen dentro de este espacio las cinco islas volcánicas del Mar Menor: La Isla Perdiguera, la Isla Mayor o del Barón, la Isla del Ciervo, la Isla Rondella, y la Isla del Sujeto, así como los espacios del saladar de Lo Poyo, el Carmolí (tanto el Cabezo como la marina), la playa de La Hita, el Cabezo de San Ginés y las salinas de Marchamalo. Espacios protegidos como parque natural. Municipios de Cartagena, Los Alcázares y San Javier. Y la isla Grosa que comparte el mismo origen volcánico que las islas interiores del Mar Menor, también queda protegida dentro del Parque natural de Islas e Islotes del Litoral Mediterráneo

Un clima privilegiado
315 días de sol al año, playas eternas, islas volcánicas, recogidas calas, ecosistemas únicos, deportes náuticos, buena gastronomía, temperaturas medias que superan los 19º…. El Mar Menor encierra enormes atractivos, con sus aguas tranquilas y poco profundas separada del Mediterráneo por los extensos arenales de La Manga. Son inexcusables los momentos de sol y playa, en cualquier época del año, pero también resulta irresistible descubrir la vida y cultural de poblaciones como San Pedro del Pinatar, San Javier, Los Alcázares, Cartagena y La Manga del Mar Menor.

Aprender a navegar
Cornamusa, botavara, foque, puño de amura, punto de flameo… Aprender a navegar a vela en el Mar Menor es una potente experiencia que puedes llevar a cabo. Es un espacio privilegiado para iniciarse en los deportes náutico. Jugar a cazar el viento, ver cómo el color ocre de la tierra se difumina en los azules y verdes de la laguna, descubrir técnicas ancestrales de pesca en las encañizadas, sentirte patrón por unas horas, comprobar la calidez del agua y su escasa profundidad, experimentar lo intensa que puede resultar la tranquilidad… Sin duda, pasar una mañana navegando es la mejor formar para empezar a conocer este destino que, por sus características geofísicas y su amplia infraestructura de escuelas y centros, resulta perfecto para disfrutar de los deportes náuticos en cualquier época del año. Windsurf, kayak, paddle surf, buceo, piragüismo..El Mar Menor se encarga del resto.
Parque Regional Salinas y avistamiento de aves
Con una extensión de 856 hectáreas y seis kilómetros de arenales, el Parque Regional Salinas y Arenales de San Pedro del Pinatar es un humedal protegido en el que nidifican y descansan numerosas especies de aves antes de migrar a África. Aunque por su belleza y abundancia los flamencos atraen todas las miradas, en este parque también hay importantes colonias de avocetas, cigüeñuelas, chorlitejos, garzas y cormoranes, entre otras especies. Acércate a uno de los observatorios prismáticos y guía de aves en mano, guarda silencio y desconecta practicando birdwatching, otra relajante opción que nos brinda el Mar Menor muy ligada a la conservación de espacios protegidos como este. Otra experiencia en la que el estrés no tiene cabida es dar un tranquilo paseo junto a las salinas de San Pedro del Pinatar, una explotación en activo que demuestra que la convivencia entre el hombre y la naturaleza es posible si se hace de forma equilibrada. Te aseguro que, solo por el ver las diferentes pozas que componen el circuito salinero, merece la pena visitarlas. Sobre todo, cuando te sorprendes al descubrir los espectaculares tonos rosáceos de las charcas cristalizadoras, y cómo esta singular paleta de colores contrasta con el blanco de las montañas de sal. Y sí, los flamencos del parque regional son rosas por el grado de concentración salina del agua.

Playas para relajarse

La que fue hace diez millones de años una gran bahía abierta al Mediterráneo, o como dicen los murcianos al Mar Mayor, cuenta con una gran variedad de zonas de baño. Playas urbanas, para ir con niños o para practicar deportes náuticos, nudistas, certificadas con la “Q” de Calidad Turística y también playas naturales y calas en las que el ladrillo, afortunadamente, aún no ha dejado su huella. Así que no pienses solo en arenales masificados porque, si lo que buscas son momentos de paz a la vera del mar, los encontrarás en lugares como la protegida y salvaje playa de la Hita -situada entre Los Alcázares y San Javier-, en Las Amoladeras con sus humedales y especies de flora y fauna endémicas, o en la casi virgen playa de Calblanque, integrada en el Espacio Natural Protegido del Parque de Calblanque y considerada por muchos como la más bonita de la Región de Murcia. Otro lugar tranquilo con un grado de ocupación bajo es Punta de Algas, una playa en la que el Mediterráneo se funde con el Mar Menor situada dentro del Parque Regional de Las Salinas y Humedales de San Pedro del Pinatar. También en esta zona está la ya mencionada playa de la Torre Derribada que destaca por sus praderas de posidonia oceánica, una planta marina que libera oxígeno y absorbe el CO² disuelto en el mar y que solo se encuentra en las playas más limpias del Mediterráneo.

El caldero, bandera de la gastronomía murciana

Aunque Murcia es conocida por los saludables productos de su huerta y por la calidad de sus salazones, en el Mar Menor la estrella es el arroz caldero, un plato de origen humilde que se preparaba con los pescados que no resultaban aptos en el mercado y que hoy reina en las cartas de todo restaurante que se precie. Esta apetitosa receta, elaborada con arroz, ñora y diferentes tipos de pescados, se sirve en dos tandas. Primero el arroz, acompañado de alioli, y después el pescado sobre una base del caldo en el que se ha cocinado. Para acompañarlo, nada mejor que un buen vino de la tierra, con D.O. como Jumilla, Yecla o Bullas.

Lodos y salud

Otra de las tradiciones del Mar Menor es darse los famosos baños de lodo del Mar Menor. Y es que las singulares condiciones climatológicas de esta laguna -con 2.800 horas de sol al año- y su elevada salinidad generan en el fondo de la albufera lodos y arcillas cuyas propiedades terapéuticas se conocen desde la antigüedad.Ya que estás en la mayor zona de lodoterapia al aire libre de Europa, ¿por qué no darte un baño de salud? Son casi casi tan famosos como los del Mar Muerto.Si te animas, solo tienes que entrar en las charcas y embadurnarte de arriba abajo. Espera en los muelles de madera a que el lodo se seque bien -una hora aproximadamente- y vuelve a meterte en el agua para aclararte. No se te ocurra cruzar el paseo y hacerlo en el Mar Menor porque está prohibido. La razón: los lodos que cubren tu piel contaminarían sus aguas.

Cabo Palos, la fuerza de la naturaleza

Hasta donde alcanza la vista, un pequeño pueblo de pescadores, preciosas calas como Las Escalerillas o Calafría, y un soberbio faro que domina el horizonte. Bajo el agua, cristalina como pocas, una de las mejores reservas marinas del Mediterráneo que destaca por su extraordinaria biodiversidad y que atrae a submarinistas de todo el mundo. Cabo Palos es uno de los enclaves favoritos del Mar Menor. Un rincón con alma custodiado por un vigía silencioso que alertó de ataques piratas, presenció el naufragio de numerosos barcos y que hoy sigue plantándole cara al levante y al jaloque. Un faro precioso, porque forma parte de la historia de nuestras costas y ese patrimonio no debería venderse ni comprarse.

El edificio faro actual de Cabo de Palos se inauguró en 1865, dos años después del inicio de su construcción, convirtiéndose en el segundo más alto de toda España, tan solo superado por la Torre de Hércules en A Coruña. Se encuentra dividido en dos cuerpos diferentes y la luz de su linterna llega a alcanzar las 24 millas náuticas. Desde final del año 2018 puede visitarse, pero en fechas elegidas por la Autoridad Portuaria.

Los caballitos de mar

Y no podíamos cerrar este reportaje sin hablar de los caballitos del Mar Menor, una especie emblemática, que ha sufrido mucho en estos últimos años, en espera de que los humanos seamos más razonables con el planeta en el que vivimos, pero que aún sigue campando por esta laguna. Las poblaciones de hipocampo se recuperan poco a poco. El proyecto de recuperación de la población de los caballitos de mar llevado a cabo por el Instituto Español de Oceanografía está comenzando a dar sus frutos, pero por desgracia aún hay ciudadanos poco o nada concienciados que los pescan como «souvenirs».  La conservación de este ejemplar tan característico del Mar Menor es tarea de todos.

 

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