Turismo de Salud en el Mar Menor: barros y baños en la cuna de la Talasoterapia

Por sus propiedades curativas, los barros de la gran laguna salada murciana están considerados de los mejores del mundo junto a los del Mar Muerto y su tradicional uso terapéutico para salud se remonta a los árabes.

Mencionar el Mar Menor en España es hablar de uno de los destinos turísticos más conocidos del Mediterráneo. Lo es desde los años 60 y 70, con el desarrollismo y el despegue del turismo como motor de la economía española. A partir de esta fecha se fueron desarrollando en torno a esta espectacular laguna salada, una de las más grandes del mundo, una importante red de hoteles, urbanizaciones y complejos vacacionales, liderados por La Manga, pero expansionados en todo su contorno, como las instalaciones del Montepío, que hace ya casi 22 años se sumarían desde las orillas de Los Narejos, en Los Alcázares a esta potente y variada oferta.

Con la fórmula que trajo el turismo de sol, chiringuito y diversión, aderezado en una cada vez más diversificada industria del ocio, orientada bien al deporte (vela, golf, pádel…) o la hostelería (restaurantes, pubs, discotecas…), la histórica esencia vacacional del Mar Menor, basada en la salud, y con siglos de tradición, se ha ido difuminando hasta encontrar ya a muchos turistas que, curiosamente, se sorprenden al ver en los arenales y los paseos alrededor del mar a personas o familias completas totalmente untadas y con sus cuerpos ennegrecidos por los barros o lodos de este Mar de interior murciano. Es una estampa muy característica en todos los pueblos de este paraje, al que una de las grandes actrices del Hollywood de los años 50 Esther Williams, nadadora de la Selección Olímpica de Estados Unidos y por siempre icono de la Metro Goldwyn Mayer gracias a su actuación protagonis- ta en Escuela de Sirenas (Bathing beauty, 1944), definió en una de sus visitas como “la piscina más grande del mundo”.

Y es que en esta curiosa “piscina natural”, de origen volcánico, filtrada al Mar Medite- rráneo, y por tanto de agua con una altísima concentración de sal y ecosistema propio, fue uno de los destinos regeneradores de sa- lud favoritos en tiempos de los árabes, cuya tradición impulsó una actividad balnerote- rápica que aún hoy se mantiene con especial fuerza en lugares como Los Alcázares o Lo Pagan. Descansar en las instalaciones que el Montepío tiene a orillas del Mar Menor es por tanto invertir en salud. Le explicamos su secreto, el secreto de las curas de sal, lodo y barro del Mar Menor.

Los últimos análisis realizados por la Universidad de Murcia (en 1995 se publi- có un amplísimo estudio) revelan que estos sedimentos contienen un alto porcentaje de cationes, calcio, magnesio, potasio y flúor, así como aniones, cloruro y sulfato, muy superiores a los esperables, incluso, en aguas con este nivel de salinidad. Además, la granulometría medida en esta zona in- cluye una elevada presencia de arenas finas y muy finas (limos y arcillas), que son los verdaderos artífices de las propiedades cu- rativas atribuidas a estos lodos murcianos. El PH es básico y oscila entre los valores de 7,12 y 8,45.

La base científica, alta concentración de minerales, de sal y sol

La tradición en el Mar Menor señala que los baños o untamientos con lodos están muy recomendados para gente que tenga artritis, artrosis y reumatismos inflamaciones de los huesos y articulaciones, roturas de huesos para su rehabilitación y regeneración. De ello saben mucho los mineros asturianos que desde comienzos de los años 90 tienen gracias al Grupo Montepío este destino como un referente para sus vacaciones y para su salud, un complemento cuyo espíritu se alimenta del tradicional descanso en el Balneario de Ledesma. Los cuidados y el contraste climatológico son claves para que esta fórmula funcione. Más de 12.000 familias mutualistas al año así lo eligen, bien por una o por otra razón. Hay incluso quien afirma sin titubeos que después de esas vacaciones disminuyen los catarros en el invierno. El clima murciano favorece en lo que en tierras del Norte se conoce como “el secado” de los pulmones. El combinar los lodos con baños salados, en a aguas con tal concentración de sales minerales y yodo aportan si ninguna duda propiedades minero-medicinales y curativas; sumado todo ello al calor de alguna de las zonas en las lagunas, beneficia sin ninguna duda a los huesos y las articulaciones.

Algunas de las propiedades de estos barros y lodos es que mejoran la piel, eliminan toxinas e hidratan la dermis. Además con su aplicación realizamos una técnica depurativa que ayuda a regular el organismo,  neutraliza el PH de la piel y estimula la cicatrización de heridas. Estas son algunas de las claves científicas y sociales que avalan esta tradición a la que muchos asturianos ya se han apuntado.

Tal es la fe de muchas de las personas que desde hace años acuden a los barros y lodos del Mar Menor, que algunas zonas de baños han sido bautizadas con sorna como “la UVI”, en honor a las Unidades de Vigi- lancia intensiva de los hospitales… muchos de los que allí acuden (las zonas de mayor salinidad de los barros) suelen ser enfermos crónicos, a los que el invierno en otros climas más duros, como ocurre en el caso de los asturianos, les afecta muchísimo.

Uno de los asturianos, familiar de mutualista, que más fe tiene en este tipo de tratamientos es Nicolás Lozano del Río, asiduo residente, veterinario y especialista en nutrición agroganadera, que nos señala cómo es necesario en verano “extremar el cuidado con la tensión. Hemos visto varias veces como algún caminante o compañero de lodos tiene que entrar a la llamada UVI Móvil por alguna persona que se queda sin conocimiento por una bajada repentina de la tensión”.

Este experto, nos señala que ha podido comprobar durante los últimos veranos como los tratamientos propios con estos lodos “son efectivos” y nos explica que “la tierra por la que se camina, aunque puede resultar extraña al tacto, está compactada, por lo que el paseo es cómodo y la altura del agua va de 40 a 70 centímetros. “No obstante conviene controlar el pie, puesto que hay alguna poza de 80 a 105 centímetros de profundidad, como máximo”, avisa. El agua en estas zonas está a una temperatura agra- dable, más menos a 2 grados por encima de la del Mar Menor. A mayor profundidad de agua, más temperatura. El tema da incluso para “profesionales” en este arte del barro y la salud que llevan un colador para filtrar groseramente los lodos, “ya que siempre tienen arenas y piedrillas que al dárselas por el cuerpo, son ásperas. Esta labor era la que realizaban los antiguos balnearios que llevan lodos de estas lagunas para sus establecimientos”, explican.

Son gratis y populares y el boca a boca funciona: la zona más salina la llaman la UVI.

El boca a boca y su gratuidad son la mayor parte del éxito de este ancestral proce- dimiento, por eso es frecuente ver como cada uno cuenta su historia, su “milagro”, sobre todo a los novatos, que siempre exis- ten. Muchos ponen cara de asco, cuando entran, por la textura pringosa del barro al pisar. El efecto es mayor cuando se re- mueven lodos que guardan un olor como azufre, a podrido. Hay quien sencillamente, no lo soporta. Los más veteranos aseguran que es necesario darse de 9  a 11 sesiones de lodos, “días impares”, replican los puristas. Pero “para ver efectos nunca menos de 7 días”.

En los canales de más salmuera (aspecto blanquecino por la sal, poco llamativos a la vista, las llamadas UVI), no se entra man- chado (los más ortodoxos pueden reñirte abiertamente si lo haces) y se mete uno de 10 a 20 minutos, no más, para dejar a otras personas: “No es la purga de San Benito, pero ayuda a algunas de las afecciones, en otras seguramente no hace nada y en otras los efectos son a largo plazo”, apunta Loza- no. Pero ¿por qué no hay más gente dándose los lodos si son gratis y tienen tantos efectos positivos? El veterinario y mutualista asturiano se sincera: “Lo cierto es que pese a la tradición, no hay mucha información, ni oficialmente, más que los estudios científicos aportados por la Universidad, pero que no llegan al público general, ni las agencias de turismo hacen mucha publicidad de ello, quizás por no entrar en conflicto con los balnearios de la zona o porque el sol y la diversión resultan más modernos. Pero también es cierto que se requiere una constancia y disciplina difícil de conseguir y cuanto uno está de vacaciones madrugar durante siete días requiere mucha voluntad…o mucho dolor”.

En resumen, estos tratamientos, avalados por la tradición, requieren paciencia y compatibilidad vacacional con la familia, pero son una estampa muy característica de nuestro verano en Los Alcázares.

Las indicaciones. Los lodos basan su acción terapéutica en su gran poder de absorción, su acción mineralizante, su capacidad de neutralizar la acidez y su efecto estimulante de la cicatrización, por lo que su uso es muy recomendable en muchos tipos de patologías de la piel, como abscesos, úlceras, flemones, llagas, acné o forúnculos. Una capa de lodo aplicada sobre la piel absorbe todas las toxinas del sistema periférico del tejido conjuntivo y elimina tóxicos linfáticos de la dermis, actuando como un verdadero papel secante de la piel. Su alto poder de conductividad calórica les hace también apropiadas como antiinflamatorios en casos de reumatismo, artritis, gota y rehabilitaciones después de fracturas óseas. También son recomendables para afecciones de garganta.

Aguas mineromedicinales. El Mar Menor es una laguna hipersalina. Las características de sus aguas están condicionadas por la insolación, los vientos y, sobre todo, la comunicación con el Mediterráneo a través de las encañizadas. Las concentracio- nes iónicas medidas, para algunos elementos, como magnesio, calcio, sodio, bromo, iodo y flúor, son muy superiores a las del Mar mayor, el Mediterráneo. Está demostrado que los tratamientos termales con este tipo de aguas salinas producen un efecto osmótico en los tejidos intersticiales del cuerpo humano y una consiguiente activación del todo el sistema sanguíneo. Como resultado, se produce una eliminación de partículas tóxicas y una relajación muscular muy indicadas para casos de artritis, reúmas, tendinitis, estados nerviosos y todo tipo de patologías relacionadas con las articulaciones.

Cómo aplicar los lodos. Primero, coger y seleccionar los lodos, buscar para ello una zona ideal para la laguna (existen muchas próximas al Complejo vacacional de La Minería en Los Narejos). Después, darse los lodos por todo el cuerpo, y dejarlos secar entre 40 y 60 minutos. Finalmente, quitarse los lodos bañándose en el propio Mar, entre 30 y 60 minutos.

Cuestiones a tener en cuenta. En las lagunas hay lodos y barros. Los lodos están en el fondo y son mejores: son de color gris y aspecto compacto. Están en las zonas en las que hay más de 25 centímetros de profundidad. A la vista es una masa compacta fácil de manejar, mejor con un recipiente. La cataplasma natural que usted se fabrique lleva años sedimentándose y tienen los minerales más adecuados. Los barros son más abundantes, su color es negro y muy fluido, no tienen consistencia, se escurren en la mano. Las zonas favoritas en el Mar Menor son las de Los Alcázares, próximas al antiguo balneario, y en Los Narejos, a nuestras instalaciones, y en Lo Pagan, a 12 km de las instalaciones del Montepío, pasando por Santiago de la Rivera, aunque también hay otras zonas en todo este litoral interior. La zona de los espigones suelen ser, por sus accesos, los favoritos de las muchas personas que acuden a este tipo de tratamientos guiados por la más absoluta de las naturalidades: el uso de bien público como es el barro y el lodo, al alcance de todos.

Las leyes no escritas de los lodos. Si usted es una de esas personas de salud delicada y este verano, además de sol, quiere dedicar un tiempo a esta tradición, debe saber algunas de las leyes no escritas de esta centenaria tradición: Al sacar lodo en su recipiente, si le sobra ofrece a otras personas, sobre todo a quien por edad tiene menos condiciones para cogerlos. Ese principio de solidaridad hace que sea normal ver como unas personas ayudan a otros: a darse el barro por la espalda, como los mineros hacen en las duchas para quitarse el polvo del carbón. No es conveniente bañarse “sucio” de barros (negros), en zona de lodos (más grises) o sales (la UVI)… los más veteranos y puristas pueden reñirle

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